Ricitos de Oro quiere jugar con su mamá, pero ella está muy ocupada, así que Ricitos saldrá en busca de algún compañero de juegos. Su vecina, el hada madrina, se encuentra haciendo pociones, la Bella durmiente está tomando su siesta vespertina, Jack está talando un enorme tallo de frijoles, Cenicienta limpia y limpia y no termina. Todos parecen estar ocupados ese día, siempre diciéndole a Ricitos “ahora no”.
Finalmente, Ricitos decide jugar sola, con un caballito de madera hecho por ella misma, hasta que se encuentra con un feroz dragón. Sin embargo, cuando más los necesita, ¡todos están ahí para ella! Esta lírica historia busca enseñar a los niños que la diversión puede estar en cualquier lugar, además de mostrarles a ser empáticos y comprensivos cuando sus padres no pueden jugar con ellos.